Buscar ayuda,descubrir y sanar. Un largo camino

Escrito por el 10/15/2018

 Buscar ayuda, descubrir y sanar. Un largo   camino.

Hace unos 15 años después de tener a mis dos hijos, que apenas se llevan dieciséis meses, tendrían ellos 6 y 5 años, estaban ya en preescolar cuando tuve una crisis existencial. Soy odontólogo y siempre amé mi profesión, me encantaba trabajar y las labores del hogar nunca fueron mi fuerte. Menos aún la de ser maestra en casa. Cuando mi hija comenzó la lectura, me desesperaba porque yo no tenía paciencia y me frustraba tratando de enseñarle. Con la matemática no fue muy diferente. Entonces por primera vez en mi vida busqué ayuda.

Mi esposo y yo fuimos al psicólogo, luego los chamos, a quienes le hicieron las respectivas evaluaciones. El varón resulto con un ligero déficit de atención. Fue la primera vez que leí acerca de esto y para mi sorpresa pude ver que yo también sufro de ese mal. Mi esposo ni hablar. A medida que leíamos el material que la psicóloga nos había entregado decíamos, lo tengo, lo tengo, y esto, también lo tengo. Pero adivinen, quien quedó en terapia, Pues yo. Mientras que me recomendaron que llevara a la niña con una psicopedagoga para las tareas, decisión que tomamos de inmediato. Entonces ella con apenas 6 años iba todas las tardes de lunes a jueves con la psicopedagoga. Al varón lo deje de su cuenta, cosa que más tarde me pesó. Y es que el sentimiento de culpa por no tener la capacidad de enseñarles y sentarme con ellos no dejaba de rondarme.

La psicóloga me explicaba entre tantas cosas que tratara de desligarme de las tareas escolares y que me involucrara más con otras actividades, así como llevarla a la peluquería conmigo para que le pintaran sus uñas, que saliéramos las dos solas al parque. Y no sabes lo que me costaba. Eso de sentarme a jugar con muñecas, de leer un cuento o de armar un lego, sencillamente no era mi fuerte.

Allí en terapia pude ver, que mi yo niña estaba herida y por eso era incapaz de conectarme con mi hija. Desde ese momento no he parado de buscar y buscar ayuda. Comencé a asistir a talleres, cursos presenciales, meditaciones. Luego estudié medicina china y acupuntura, masaje terapéutico y hasta hice un curso de cocina y me certifiqué como chef internacional. Como ves siempre me ha gustado estudiar. Y es que en mi casa lo que escuche toda la vida de mi mami fue: “estudia para que no dependas de nadie, estudia para que puedas pagarle a alguien que te ayude con las labores del hogar, estudia”. Pues a eso me dediqué, no solo a estudiar, sino a leer mucho, sobre todo acerca de crecimiento personal.

En terapia una de las cosas que rememoré, fue el abuso sexual que había sufrido en mi etapa infantil. La verdad no recuerdo cuantos años tenía, era pequeña 5,6 quizás 7 años. La imagen que recuerdo es de un tío político con su bata de baño sentado y yo encima de sus piernas. El me cargaba y yo sentía un bulto duro entre sus piernas.

Su hija, mi prima y yo siempre fuimos muy buenas amigas, además estudiábamos juntas.

Ya estando yo más grande, adolescente, me quedaba en su casa a dormir. En ese entonces yo no recordaba esa imagen que les acabo de describir de mi infancia. Pero una noche estábamos las dos durmiendo en su cuarto. Yo estaba boca abajo y de repente sentí cuando alguien sigilosamente se montó encima de mí y comenzó a moverse. Fui incapaz de articular palabra alguna, mucho menos de emitir un grito, estaba paralizada. La verdad no sé qué le impidió concretar el hecho porque yo seguía paralizada, al menos eso es lo que recuerdo. Lo cierto es que se detuvo y salió corriendo.

Son muchos los recuerdos que mi memoria ha borrado, especialmente de mi infancia. Tenía una familia bastante numerosa y “muy unida”, tan unida, que siempre escuchaba en casa: “la familia está primero”.

Por otro lado, y gracias a Dios, afortunadamente tenía muchos primos y nuestra infancia transcurrió entre árboles, montañas, playas y ríos. Esto considero que fue lo que marcó la diferencia. Además de tener unos padres maravillosos que siempre estuvieron presentes.

De niña considero que fui bastante tímida y callada. Las habilidades deportivas no eran mi fuerte. Estudiante de regular a buena. Pero si lo que dicen “una niña Buena”, tranquila, sumisa si se quiere.

Y es que quizás por eso no llamaba la atención y siempre me comportaba a tono con la circunstancia.

Así fui creciendo y en la etapa de adolescencia, y habiendo terminado el bachillerato, fuimos, en familia, como siempre a la casa de playa del mencionado tío.

Él era voyerista también, y algo debió estar grabado en mi memoria, que cada vez que entraba a un baño con ventanas amplias, siempre me fijaba si alguien me veía.

Fue así como una tarde cualquiera de playa, entre al baño, me bajé mi traje de baños para hacer pipí, y al alzar mi mirada, allí estaba el husmeando. Esta vez no dudé, me subí el traje de baño, me vestí y salí dispuesta a desenmascararlo delante de toda la familia.

¿Y qué pasó? , me detuvieron de una manera contundente, “tú te callas, la familia esta primero”. Y así lo hice. Por muchos años, callé.

Siendo muy joven aún, me enamore como cualquier muchacha adolescente. La única diferencia es que pasaron unos cuantos años para tomar la decisión de tener sexo. Confieso que fue muy difícil, no solo por el trauma que llevaba a cuestas, sino por la parte moral, los valores inculcados y esas historias de familia que al fin y al cabo te marcan. Los llamados tabúes.

EL matrimonio no era para mí una prioridad en ese momento, los estudios sí. Así que estudié, me gradué de Odontólogo, comencé a ejercer. Me enamoré de nuevo y sin dudar me lancé al agua.

¿Por qué he decidido contar esta historia tantos años después?

Como mencionaba al principio después de tener hijos y gracias a ellos fui por primera vez al psicólogo. No solo eso, me dediqué a hacer talleres y en una oportunidad estando en caracas en una charla escuché a una mujer médico que contaba la historia de su hija. La muchacha había sido violada por su primo y en ese momento, ella como médico, sabía que las posibilidades de que su hija resultara lesbiana eran altísimas, tal como resultó, así que como madre se dedicó a formarse y tomar fuerzas para acompañar a su hija en su proceso.

Escuchar aquella historia fue para mí una sorpresa a la vez que daba gracias a que ese no había sido mi caso.

Cabe destacar que respeto en gran medida las inclinaciones sexuales que cualquiera pueda tener. Pero esa historia me marcó profundamente. Como mujer abusada, es inevitable las previsiones con tus hijos. No confiaba ni en los tíos ni en los primos de mis hijos. Y es que cuando somos niños exploramos, somos curiosos y experimentamos. Ninguno está exento.

Dato curioso es que las estadísticas indican que los abusos a menores son cometidos el altísimo porcentaje por familiares o amigos muy allegados, incluso vecinos.

Estando en terapia pude entender que aquel día de playa significaba para mí una compensación, el ver desenmascarado a aquel hombre y no pudo ser así. Peor aún, el entender que lo más grave había sido que mi madre pusiera primero a la familia antes que a su hija, fue devastador. Nunca lo había visto así.

Lo importante de esto, es que por primera vez fui capaz de entablar una conversación con ella y plantearle mi dolor. Más que una queja, era el dolor que había quedado reprimido allí y que yo había sido incapaz de manifestar. Ella no pudo articular nada en su defensa. Y es que son tantas las historias, los patrones de familia que llevamos a cuestas, o en nuestro ADN, que simplemente nos dejamos llevar y repetimos por tener “buena consciencia”, asintiendo así a las reglas y patrones de nuestro sistema familiar.

Cuando somos adultos tenemos la responsabilidad de asumir responsabilidades y las consecuencias de nuestros actos. Y ya era adulta.

Luego en años más recientes, el haber tenido la oportunidad de conocer y estudiar en qué se basa la terapia familiar sistémica, me regaló un abanico de posibilidades.

Si un sistema se define como un conjunto de partes que se relacionan íntimamente entre sí, la familia también es un sistema.

Partiendo de esta premisa el coaching sistémico se basa a su vez, según Bert Hellinger, en tres leyes sistémicas. No es menester aquí su explicación minuciosa, pero el hecho de conocerlas nos ayuda a entender el porqué de la repetición de patrones y los desbalances que se establecen en la familia.

La primera ley, la pertenencia. Básicamente se habla de que todo aquel que perteneció al sistema, pertenece. Me explico. Pertenecen a la familia los padres biológicos o de crianza, los abuelos, bisabuelos, las exesposas(os), los exnovios(as) o parejas realmente importantes, los niños muertos producto de abortos naturales o provocados, los hijos nacidos fuera de un matrimonio, los homosexuales que fueron execrados de la familia y tantos más que se pudieran citar, como es el caso de este tío. El pertenece a mi sistema. Esto es una realidad.

La segunda ley habla del orden. El que llega primero tiene prioridad. Un ejemplo es en la pareja, una vez que nacen los hijos muchas veces hay la tendencia a darle prioridad a ellos antes que a la pareja. y la pareja llego primero. En este caso, el orden se altera y comienza el desbalance y la relación corre peligro. Por otra parte, el hijo siente que la felicidad de sus padres es su responsabilidad y comienza a sentir inseguridad.

La tercera ley se refiere al balance entre dar y recibir. En toda relación uno da y el otro toma, y viceversa y así se va generando el equilibrio.

En la relación de padres e hijos es diferente. Los padres dan y los hijos reciben. Los hijos nunca podrán compensar. Reciben la vida a través de los padres y si les corresponde devolver en cierto grado es pasando la vida, es decir teniendo sus propios hijos o trabajando por la comunidad en obras sociales aquellos que no puedan tenerlos.

La familia de origen es el primer sistema al que pertenecemos, pero una vez que salimos de la casa de nuestros padres y constituimos nuestra propia familia, ese sistema pasa a ser el primero.

Conocer un poco acerca de estas leyes me ayudo a entender que si alguno de los padres antepone su familia de origen a la que logro constituir, esta alterando el orden.

Es importante destacar que esto se hace a nivel inconsciente. El hombre o la mujer tiende a repetir lo que aprendió y repite patrones.

Por qué les explico esto. ¡En mi familia materna siempre escuche, la familia viene primero! 

Cuando lo entendí fue liberador. Ya soy adulta y tomo la responsabilidad que me atañe. Lo puedo hacer diferente a como lo hicieron mis padres. Ojo, no mejor, simplemente diferente.

Liberando a mi madre que dió lo mejor de si misma, su amor incondicional por nosotros, sus hijos, y su amor por su familia de origen.

El vivir esta experiencia, por dolorosa y limitante que haya sido, ya no lo puedo cambiar. Me ha traído hasta donde estoy hoy, me ha transformado en la mujer que soy. Una mujer vulnerable como todas, con nuevos caminos por recorrer.

¿Qué si he logrado cambiar? La manera como percibo lo que viví. Cuando la historia viene a mi mente, se genera una emoción, esta emoción genera un pensamiento, pues ese pensamiento lo transmuto. Simplemente era inocente y quizás gracias a eso he dedicado mi vida a buscar herramientas que me ayuden a sanar, a liberar, y ahora a impulsar a otras mujeres que hayan sido víctimas de abuso, bien sea sexual, físico o emocional a que busquen ayuda. Que sí se puede transformar las emociones y pensamientos producto de esas historias.

 Solo de nosotras depende alzar la voz para que en las generaciones que están por venir se vaya creando consciencia. Que logremos construir unos pilares sólidos en la autoestima de esos niños y niñas que traemos al mundo y que merecen vivir plenamente felices.



Comentarios
  1. Gaby Villamizar   On   10/16/2018 at 7:59 am

    Amiga bella estoy complicada de leerte. Gracias por compartir tu historia y permitirnos aprender a través de ella. Te Admiro. Te quiero y respeto muchísimo

  2. alexandra   On   10/16/2018 at 11:56 am

    Wow mi Tachi y pensar que hay tantas personas a las que puedes ayudar con tu historia. Esto es algo que pasa mas frecuente de lo que uno piensa. Besos y bendiciones para ti. Proud of you.

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